sexta-feira, 7 de agosto de 2015

LA BOMBA ATÓMICA



LA BOMBA ATÓMICA



Brillante físico y talentoso líder de otros científicos, J.        Robert Oppenheimer contribuyó a la victoria de EUA en la Segunda Gerra Mundial. Pero su vida privada le produjo acusaciones de traición y un fin prematuro a su servicio en el gobierno.

Luego de una racha matinal de sirenas antiaéreas, sonó la señal de que no había peligro. El sol iluminó la hora pico de la bulliciosa Hiroshima, resaltando el esbelto follaje de los famosos sauces de la  ciudad. En este día 06 de agosto de 1945, los hombres de negocios que corrían a sus trabajos, los niños en camino a la escuela y las amas de casa sabían, después de muchos bombardeos, que dos o tres bombarderos B29 de EUA no eran peligrosos: si se tratara verdaderamente de un ataque serio, el cielo estaría lleno de aviones.

     Un sobreviviente recordaría que, de pronto, “Un brillo cegador cortó el cielo... la piel de mi cuerpo sintió un calor quemante... silencio mortal... luego un gran ‘¡bum!’, como el estallido de un trueno distante.” A las 8:14, hora local, el bombardero Enola Gay soltó su única carga, el “Little Boy” y se alejó rápidamente. Minutos después la bomba atómica estalló, produciendo un brillo que encendió el cielo y provocó fuertes vientos. De una bola de fuego de 400m de diámetro surgió una nube en forma de hongo que se elevó 20km. El intensísimo  calor, de quizá 3.000 ºC, convirtió instantáneamente en carbón a miles de seres humanos. Miles más les sobrevivieron unos pocos segundos, para ser golpeados por escombros o sepultados por edificios caídos. Empavorecidos, muchos se tiraron a ríos que habían hervido. En la horrenda vorágine murieron 200.000 almas, la mitad de la población diurna de la ciudad.

     Desaparecieron aproximadamente unos 60.000 edificios, fuegos dispersos se convirtieron en incendios mayores y la contaminación radiactiva inició brutalmente su inhumana y silenciosa labor de una muerte lenta y dilatada. En ese 6 de agosto de 1945, el azorado mundo supo que el hombre había domeñado la energía encerrada en el átomo para crear un arma increíblemente destructiva. Hasta ésa fatídica explosión, sólo unos cuantos militares de alto rango y líderes políticos sabían la verdadera historia: durante años, un equipo de científicos y técnicos trabajaron frenéticamente para construir en secreto esta “arma del día del juicio final”. Lo consiguieron, debido en gran parte a la inteligencia e inspiración del distinguido físico teórico J. Robert Oppenheimer, que en aquel entonces contaba con apenas 41 años de edad. 
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